cuando desperté, había olvidado el sueño; solo más tarde volví a darme cuenta de él.
oh, lo comprendí todo; comprendí a Pablo, comprendí a Mozart, oí en alguna parte detrás de mí su risa terrible; sabía que estaban en mi bolsillo todas la cien mil figuras del juego de la vida: aniquilado, barruntaba su significación; tenía el propósito de empezar otra vez el juego de gustar sus tormentos otra vez, de estremecerme de nuevo y recorrer una y muchas veces más el infierno de mi interior.
Alguna vez llegaría a saber jugar mejor el juego de las figuras. alguna vez aprendería a reír. Pablo me estaba esperando. Mozart me estaba esperando.
así es como estoy en el mundo de las figuras y las formas.
josé Luis Hernández "chepe"
